Artículo No. 12
Bogotá octubre
29 de 2018
EL ACUERDO QUE NO SE HIZO TRIZAS, PERO ESTA
LLENO DE RISAS
El acontecer nacional, supera la ficción y
tristemente llena de desesperanza al colombiano de a pie, honesto, trabajador y
coherente; es preocupante ver como se sigue sosteniendo una negociación
espuria, con un grupo de delincuentes que se han portado como lo que son, incumpliendo
abiertamente lo pactado por ellos mismos, gracias a la permisividad del
anterior gobierno, en cabeza del sátrapa y sus “gallardos” negociadores.
Emanada de esta truculenta transacción, hoy
tenemos una guerrilla de actores Políticos con asiento en el congreso,
convencidos de tener la verdad revelada, un partido político que no tuvo la
decencia de cambiar el logo que destila sangre y dolor, hoy dedicado a gastarse
a manos llenas las millonarias partidas giradas por la nación, con el
terrorista Granda en Venezuela apoyando un régimen de terror y lanzando
improperios al nuevo gobierno. En la
actualidad más del cincuenta por ciento de los desmovilizados abandonaron el
proceso y están nuevamente alzados en armas recorren nuestras ciudades
mezclados entre nosotros, en resumen, una guerrilla multimillonaria, mejor
armada, más arrogante y con un verdadero brazo político que actúa en
contubernio con progresistas y comunistas, intentando cogobernar a través de lo
que llaman la nueva oposición.
Es tan absurda la incoherencia, de quienes
defienden este acuerdo derrotado en las urnas que aun así continúan con el
argumento falaz, que es mejor verlos “echando lengua que echando balas” y
minimizan de manera cómplice, que las FARC no hayan cumplido absolutamente nada
de lo prometido. Los colombianos nos
quedamos esperando la verdad, el perdón, entrega de secuestrados, de los menores
de edad, las rutas de narcotráfico, caletas y bienes, la rehabilitación de sus
integrantes, en fin, nada de nada.
Abiertamente desconocen que una negociación es
un esfuerzo de interacción entre dos partes, orientado a generar beneficios,
acuerdo que abiertamente fracasó y hoy le exige al estado invertir varios
billones de pesos; de continuarse con el mismo, los dineros del estado que
provienen de cada uno de los ciudadanos honestos que trabajamos para cumplir
entre otros, con el pago puntual de los impuestos, seguirán empoderando aún más
a todos estos terroristas y a quienes miserablemente los apoyan.
Como resultado de tanta ignominia, tenemos una
JEP, desbocada, dispuesta a pasar por encima de cualquier ordenamiento jurídico,
con tal de favorecer y amparar a sus prohijados guerrilleros de las FARC. Desde
su puesta en funcionamiento se han caracterizado por escándalos de corrupción,
arrogamiento de facultades que no tienen, despilfarro administrativo, lobby
internacional y cero resultados, llegando a extremos de verse imposibilitados
para resolver jurídicamente en seis meses si junio de 2017 es una fecha
posterior o no a noviembre de 2016, con tal de evitar la extradición del
narcotraficante Santrich, al cual solo quieren ver como “honorable
senador”. Autorizan salidas del país a
estos guerrilleros por debajo de la mesa, se le atraviesan a la Fiscalía en
investigaciones argumentadas y legales, como la de los bienes de las FARC, que
nunca declararon y que servirían para subsanar el hueco fiscal en la educación
superior, la JEP quiere a toda costa que no se toque y seguramente siga en
manos de estos terroristas.
Les colocan plazos a sus amigos de las FARC,
los cuales incumplen sistemáticamente y simplemente vuelven a fijar un segundo
o tercer plazo de ser necesario; son tan absurdos y corruptos que les parece
normal saber que alias Iván Márquez está fugado del proceso, fuera del país aceptando
su presentación a través de abogado, para evadir su responsabilidad. Inician un
“incidente de incumplimiento” procedimiento que solo entienden en la JEP, para
favorecer, al terrorista alias el paisa, quien simplemente volvió a la
clandestinidad y está delinquiendo.
Este acuerdo aberrante, hoy nos deja unos
supuestos campesinos, nobles indígenas y personas humildes, empoderados en el
crimen, cultivadores de coca, dueños de laboratorios de procesamiento, expertos
sistemáticos en robo de hidrocarburos, expropiadores de tierras, socios de la
minería ilegal, capaces de enfrentar con violencia y sin ningún respeto a la
autoridad, ciudades inundadas de narcotráfico al menudeo azotadas por ladrones.
La Fuerza Pública, en cabeza de su cúpula
Militar y Policial, merecen un capítulo aparte.
Gracias al respaldo irrestricto que le dieron a este proceso en
contravía de la Constitución, hoy nos dejan unas fuerzas desubicadas, atemorizadas,
con un concepto etéreo e ilegal que el señor General Mejía llama “multimisión”,
el cual ha sido la punta de lanza ideada para destruir la capacidad ofensiva de
las instituciones, planeada en la Habana en contubernio con las FARC, llevando a un total prevaricato por omisión en
el cumplimiento de sus funciones de carácter Constitucional, que se amedrantan ante
turbas de delincuentes llegando al colmo de atacarlos con piedras, palos, les
lanzan gasolina, les destruyen sus vehículos, les impiden realizar operativos
legales, capturar terroristas, desmantelar laboratorios de cocaína, obligándolos a salir huyendo y en ocasiones
secuestrarlos.
Para un ciudadano en cualquier lugar de
Colombia estar junto a un soldado era un orgullo, garantía de seguridad y
fuerza para contener el terrorismo y la delincuencia. Hoy la seguridad se trasmuta en una carga
asumida por la población civil, a quien le toca defender a un hombre (soldado,
oficial, suboficial, policía) amilanado por el sistema, quien sin reparo alguno
se presenta en los noticieros mostrando su debilidad ante el ataque de uno o
varios civiles, como si no tuvieran la capacidad para solucionar y ejercer sus
funciones dentro del marco legal,
trasladándole nuevamente al Colombiano de a pie, la responsabilidad de
la defensa de su vida y sus bienes, ante una FUERZA PÚBLICA inoperante y disminuida mentalmente.
Las Fuerzas Militares y la Policía, tienen unas
funciones claras, que hoy en día no están en capacidad de cumplir, simplemente
por falta de dirección, liderazgo, honestidad y principios de parte de su
cúpula, mandando un mensaje confuso a un país que cree aun en la
institucionalidad y no sabe a qué se debe tanta falta de contundencia, lo que
me lleva a concluir que este proceso ha sido una total falacia y solo ha
servido para multiplicar la amenaza terrorista y lavarle la cara a los peores
criminales de la historia.
Coronel ® OSCAR
RICARDO COLORADO BARRIGA
Columnista IFMNOTICIAS
POSDATA 3, Señor Presidente, respetuosamente le digo que el tiempo apremia y hay
decisiones que no se deben retardar, no permita que la JEP continúe destruyendo
el ordenamiento jurídico, olvidando sus planteamientos de campaña, este acuerdo por el futuro de Colombia SE
DEBE REDIRECCIONAR, sin ambigüedades ni consultas a una izquierda recalcitrante
e ilegal que lo apoyó. Las unidades Militares agradecen sus visitas, pero
esperan con ansia el relevo de esta cúpula Militar y Policial incapaz y
desleal, con la Nación, las instituciones y usted.
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